Rosácea
Rosácea es una enfermedad cutánea crónica común que inicialmente se presenta en la cara . Es común en la tercera o cuarta década de vida, agudizándose a la edad de los 40 y 50 años. La rosácea puede afectar a personas con cualquier tipo de piel, pero se presenta en su mayor parte en individuos de piel blanca (tipos de piel I-II).
Todavía no se identifican las causas de la rosácea. Entre otros, un factor importante parece ser una perturbación de la función microcirculatoria. Hay características clínicas diferentes de la rosácea. En la etapa I, la rosácea se caracteriza por enrojecimiento o eritema persistente y angiectasia, o vasos sanguíneos faciales prominentemente dilatados, principalmente en las mejillas. El alcohol, la comida condimentada, la cafeína, la nicotina, los cambios hormonales, la luz ultravioleta, el calor y el frío pueden desencadenar la dilatación vascular. La Etapa II de la rosácea se caracteriza por pápulas y papulopústulas y eritema persistente. La Etapa III puede desarrollarse independientemente de las etapas anteriores y muestra hiperplasia difusa del tejido conjuntivo y de las glándulas sebáceas. Esto puede causar una hipertrofia de la nariz, llamada rinofima. La rosácea se presenta por etapas y puede afectar a los ojos, dando lugar muy comúnmente a blefaritis y conjuntivitis.
Sólo en casos raros existen áreas aparte del rostro, como el pecho o el tronco, que también se ven afectadas. La apariencia clínica puede ser similar al acné, pero en contraste la rosácea no es una enfermedad primariamente folicular. Aunque actualmente no existe cura para la rosácea si se le deja sin tratar, ésta puede empeorar y ser aún más difícil de tratar – especialmente si avanza a rinofima. Los pacientes deberán evitar factores que desencadenen la rosácea, como la exposición al sol, el estrés emocional, el alcohol, los alimentos condimentados o picantes, las bebidas calientes, los baños con agua caliente, el ejercicio y el aire frío.

